Lo siento,
pero sigo pensando que te mereces una despedida en condiciones. No puedo volver
a escribirte porque algo dentro de mí se ha muerto. Me negué a seguir
recreándome en nuestros recuerdos, te baje del altar en el que te tuve
demasiado tiempo, borre todo lo que tuviera que ver contigo, deje de lado la
autodestrucción de buscarte sin encontrarte, y ahora, por fin, he abierto los
ojos que me dedicaba a cerrar ante tus excusas. Me siento libre del poder que
yo te daba, me siento reina y no tu esclava.
La última
vez que te vi te leí la cartilla, pero con los dientes cerrados y la boca
callada. Creo que fue nuestra última vez de todo o nada. La mejor opción es
arriesgar y tener en cuenta que "a veces perdiendo también se gana".
Sé que te perdí desde el minuto uno en que me fui, y que todo lo que hemos
intentado era tirar de un hilo que estaba atado.
He saldado
mi cuenta, a destiempo y con los intereses de la culpa creciendo
exponencialmente. He sentido el mismo dolor que algunas veces te cause, me has
devuelto cada situación por la que alguna vez sufriste. Y si te soy sincera, me
parece justo. Pero hoy te aseguro que nunca más podrás hacerme daño. Tú me la
has dado con creces mientras yo he crecido y hoy por hoy estoy tan lejos de tu
alcance como alguna vez yo lo estuve de tu abismo.
Ya no hay
despecho, no hay dolor, ni rencor, ni rabia, ni culpa, ni siquiera recuerdos
recurrentes, ni discursos elocuentes, ya no hay puentes, ni planes por las
tardes. No hay nada, porque tu decidiste unilateralmente romper el equipo
por el que una vez juraste luchar. Y si yo en su día perdí mi palabra tu ahora
lo has perdido todo.
Esto me lo
hice mientras pensaba:
- Por ti
mientras duelas y por mi cuando dejes de doler.
Y ahora es
mío.
Y aunque
hoy pase página y cierre el libro olvidarte será siempre lo más difícil que he
hecho.
PD: Y como
una carta sin posdata no está entera... Te digo: Para lo que necesites, pero
nunca para lo mismo.
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