Pero no todos somos el mismo tipo de esponja, algunos absorben demasiado y un día se dan cuenta que no son capaces de exprimirse a si mismos. Otros por el contrario tienen una facilidad increíble para volcarlo todo sobre los demás y dejar que se escape la mierda por las rendijas. Algunos parece que tienen una capa de jabón sobre la que todo resbala y nada les cala. Además siempre estarán los que ni siquiera saben que son una esponja.
Yo he pasado por todo, y más. Por todos los estados intermedios, por los extremos y hasta por los que no se ven. Ahora soy más como una esponja de piedra, sigo siendo una esponja porque todavía absorbo cada sentimiento ajeno. Aunque ahora soy de piedra, porque no dejo que nada me rompa. No dejo que nada me hunda, nada puede rebasar los límites que yo misma me he autoimpuesto. Nada puede doler tanto, nadie puede matarme de nuevo.
Lo siento, pero he estado en el fondo del pozo, en lo más profundo. He pasado mucho tiempo sin ver la luz. Me he seguido hundiendo cuando ya no había más para bajar.
Y ahora ya no puedo, no es que me de igual. Es sólo que ya nadie es capaz de perturbar mi calma, ni mi vida, ni mi cama, ni mis heridas.
Ya se lo que hay debajo del subsuelo y te aseguro que ahí ya no vuelvo.
Menos mal que ha vuelto, no lo vuelvas a cerrar ��
ResponderEliminar