Hoy te podría escribir un par de promesas más, de esas que nunca te he dicho, o de las que nunca he cumplido. Y aparecer a tu lado un segundo como si así la distancia doliera menos. No quererte tanto si no quererte mejor, no desearte tanto si no desearte solo a ti, no prometer tanto y empezar a cumplir. Y eso es lo que he hecho, pensar en ti antes que en mí. Ya no necesito verdades disfrazadas, ni personalidades medio inventadas. Aquí me tienes, como un espantapájaros en medio de tu corazón ahuyentando todos los fantasmas que un día alguien dejó.
Nunca he vivido contigo, pero hubo largos tiempo donde viví arrastrando tu ausencia y morí por dentro unas cuantas veces por no encontrar tu esencia. Me arrastre por los rincones con la condena que deja un embrujo de dos días que dura toda una vida. Supongo que cuando todo apunta a tu dirección es imposible decir que no, que no se me salga para encontrarte del pecho el corazón. Que sepas que nunca nadie te querrá tanto como yo.
Debería hacer yo una lista con todas tus virtudes, e incluso incluirle tus defectos que son perfectos. Que será que no tengo perspectiva, y que el corazón me nubla la vista. Pero no te veo cosas malas, ni maldad, ni mentiras. Te quiero por como eres, y te conozco lo suficientemente bien para que me deslumbres con tan solo mirarte. He vuelto a tu vida como un gato que se cree perro. Para rondarte por las ventanas, para esperar paciente a que tengas ganas. Pero sobre todo para quedarme a tu lado aunque me muerdas la mano.
Y será aquello que dicen que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana. Y las ventanas siempre son mejores, porque entra el sol para alumbrarte. Porque siempre será mejor verme trepando hasta tu ventana que llamar a la puerta. Pero sobre todo porque cuando cierras una ventana sigues viendo lo que hay al otro lado.
Y eso, eso nunca se puede olvidar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario